Agotada. Así es como llegué ayer a casa. Agotada y un poco cabreada, pero intento mantener mis buenas vibraciones y tomarme las cosas con filosofía. Por lo menos estoy entera.
Mi vuelo salía el lunes a las 17:30 h. Después de una escala en Madrid, llegaría a Roma por la noche. Cuando llegué al aeropuerto, a eso de las 16:30 h. me dijeron que el vuelo estaba cancelado y que, por tanto, perdería la conexión con Roma. Bien. Gracias por avisarme. "No teníamos tu teléfono". Mentira. Siempre pongo mi teléfono. Y mi email. Sin esos datos, no puedes hacer la reserva por internet. Vale. ¿Soluciones? Volar esa noche a Madrid, dormir allí y coger un vuelo por la mañana a Roma. Bufff. O salir directamente mañana por la mañana y llegar a Roma a la hora de comer. Me quedo con la última.
Martes por la mañana muy temprano. Mostrador de facturación. La azafata se pone quisquillosa por un kilo de más en mi equipaje. Un kilo de más, hay que pagar 60 euros. Después de que me hayan cancelado el vuelo y no me hayan avisado, y después de haber pagado 230 € por mis billetes de ida y vuelta, me parece el colmo. Quito un par de cosas de la maleta. Ya está. Mi vuelo sale a las 9:30 h. Me despido, besos, abrazos, adios adios. Triste (siempre me marcho un poco triste) me pongo a la cola y espero. Embarcamos a las 10:00 h. con retraso. Una vez acomodados en nuestros asientos, nos informan que no despegaremos hasta las 10:50 h. ¿Para qué hemos embarcado entonces?
Martes a media mañana. Llego a Barajas, T4. He perdido la conexión con Roma, que salía a las 11:50 h. Como yo, otras muchas personas han perdido sus vuelos. Cola infinita en el mostrador de Iberia. Llevo desde las 7:30 h. sin ir al baño. Pero estoy sola, y la fila es muy larga. Después de 1 hora y media de pie y esperando, llega mi turno. No hay plazas libres, tengo que salir en el vuelo de las 20:00 h. Se me escapan las lágrimas. Estoy cansada. Son las 13:30 h. La chica de Iberia se apiada de mí, busca una alternativa con otras compañías, finalmente me pone en lista de espera para el vuelo de las 16:00 h. Si alguien no se presenta, podré coger ese vuelo. Pero no te hagas muchas esperanzas, me dice. Me da un vale para ir a comer e intenta darme ánimos. Agradezco sus palabras, y su empatía. Por lo menos he dado con una persona que intenta hacer bien su trabajo.
Cafetería de Barajas. Devoro una ensalada y un plato de albóndigas con patatas, no me había dado cuenta del hambre que tenía. Intento pensar en qué ocupar la tarde hasta que lleguen las 20:00 h. Tengo media empanada en la maleta de mano. Me da pena el estado en el que va a llegar.
Puerta de embarque J44. Son las tres y pico y espero paciente que me digan si hay una plaza libre. ¡Sí! Parece que algún vuelo más se ha retrasado y otras personas no llegarán a tiempo para coger este avión. Lo siento por ellas, pero me alegro por mí. En teoría salimos a las 16:05. En la práctica el avión despega casi a las 17:00 h. Duermo casi todo el viaje. Llegando a Roma nos esperan unas cuantas turbulencias. Estoy tan cansada que ni siento miedo. El piloto nos dice que tendremos que realizar un circuito de espera, hasta que nos permitan aterrizar. Cierro los ojos.
Aeropuerto de Roma Fiumicino. Son las 19:40 y mi maleta no ha aparecido en la cinta. En el mostrador de reclamaciones me preguntan cuanto tiempo llevo esperando a que salga. Desde las 19:00 h. Me piden los datos, los billetes y todo lo demás. Comprueban en el ordenador. Mi maleta no aparece, no se sabe donde está. Me llamarán cuando la encuentren. Si no lo han hecho en un par de días, tendré que llamarles yo.
A las 20:00 h. por fin estamos en coche de camino a casa. EL lleva esperándome desde las 18:00 h. También estará cansado. Pero me ha recibido con flores, sonrisas y abrazos. Y besos, muchos besos.
Hoy me ha despertado el teléfono. Han encontrado mi maleta y me la entregarán a lo largo del día. La luz entra por todas las ventanas. Y los tulipanes se han abierto un poco. Parece que éste sí va a ser un buen día.
Dopo una lunga traversata -lunga nel tempo, non tanto nella distanza- sono finalmente tornata a Roma. Con 21 ore di ritardo. Scusate se non vi traduco tutto il testo precedente, ma preferisco non pensarci più. Sono a casa. Ho dei fiori. Me li ha portato EL quando è venuto a prendermi all'aeroporto. Buona giornata a tutti.