15/4/2014

aaa se busca piso de alquiler

Un mes. Ese es el tiempo que tengo para encontrar un pisito decente que nos acoja y dé cabida a nuestras necesidades –y caprichos- en esta húmeda ciudad. Para ello necesito organización, una serie de anuncios a los que llamar y un par de listas con “necesidades” y “extras”.


De momento, ya he visto un piso que no está mal, y en esta mañana me esperan otras dos visitas. Lo más difícil es encontrar pisos con calefacción a un precio abordable (vale que yo soy friolera, ¿pero es que soy la única??). Otra cosa difícil es encontrar muebles decentes, que no sean un puzzle de restos de casas de abuelas varias (léase estantería de pino torcida + armario de cerezo + mesa de cristal con incrustaciones). Por eso casi prefiero un piso sin muebles, y llevar una vida zen, con mucho espacio vacío.

¿Qué decís, lo encontraremos? ¡Deseadme suerte!



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13/4/2014

volver



Y aquí seguimos… ¿recordáis ese post nostálgico en el que os hablaba de mi cambio de residencia temporal? Pues parece que esa temporada que iba a pasar lejos de Roma se alarga un poco. No sé todavía cuánto, pero sí lo suficiente como para que empiece a poner orden en mi vida. Y esto incluye:
   -   un romano que se muda al mar y aprende español
   -   una búsqueda de piso (dejamos la casa romana en buenas manos, y nos ponemos con la búsqueda de la casa junto al mar)
   -   una mudanza transmediterránea
   -   cursos de pilates, yoga, idiomas
   -   planes varios para el futuro más inmediato
   -   etc.

Uff, agotada estoy sólo de pensarlo. Os iré contando todo este cambio de vida en la medida en la que el tiempo me lo permita. Y es que, queridos míos, volver a casa después de tantos años fuera, ¡no es tan fácil como pensaba!

Y ahora, quitadme una curiosidad: ¿todavía estáis ahí, al otro lado? ;-)


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12/11/2013

kindle love

Una cosa que he vuelto a coger con ganas es mi afición lectora. Siempre he sido una lectora voraz, pero últimamente me iba a la cama con tantas cosas en la cabeza que me costaba horrores concentrarme para leer dos líneas. Y durante el resto del día, mismo problema y menos tiempo. Ahora parece que he encontrado un poco de paz o por lo menos de concentración y consigo volver a leer casi como antes. O quizás sea el otoño que es una estación que invita mucho al "libro-sofá-y-mantita" (y magdalena o trozo de bizcocho, pero esa ya es otra historia).

vía Pinterest

El caso es que en medio de estas reflexiones le he tomado prestado a mi señora madre el Kindle que le regalamos en su 60 cumpleaños, y haciendo buen uso de mi recién adquirido estatus de trabajadora, me he comprado un libro para probarlo. Del libro en cuestión ya os hablaré cuando le llegue el turno al cuarto trimestre de las 13 lecturas (y os hablaré bien, porque me ha encantado). Pero del Kindle no, de eso os hablo aquí y ahora.

Y es que, amigos míos, qué invento. Yo que soy de las que adoran los libros tal y como son, con sus portadas, sus hojitas, su olor, he caído rendida a la comodidad de llevarte un tocho de 600 páginas allá donde vayas sin sufrir lesiones cervicales de ningún tipo. Últimamente estaba renunciando más a menudo de lo que me gustaría a leer libros "de peso" precisamente por ese problema. ¿Leerme Guerra y Paz ahora? Me encantaría, por supuesto, pero es que pesa taaannto... ejem ejem. 
Otro punto a favor para el Kindle es el tamaño de la letra. Los años no pasan en balde y el tiempo delante del ordenador tampoco. Así que cada vez me cuesta más tener la vista fija en esas letras minúsculas que se gastan algunas ediciones. Con el aparatito en cuestión, mi vista está muuucho más relajada y no tengo que andar guiñando los ojos cuando vuelvo al mundo real.
¿Queréis que os enumere alguna más de sus virtudes? El poder disponer de una inmensa librería al alcance de un click que incluye todo tipo de géneros, autores y, ojito, idiomas. Además los e-books son más económicos que la versión en papel y se pueden encontrar muchos títulos gratuitos (sobre todo clásicos). Y el Kindle es un aparatito la mar de majo, que puedes usar mientras desayunas o vas de pie en el autobús ya que no tienes que sujetarlo con una mano mientras pasas la hoja con la otra.

En conclusión, yo ya me he autoconvencido de que necesito poner un Kindle en mi vida y devolverle el que tengo a su dueña. Así que mi próximo sueldo va a contribuir al bien de mis cervicales y de mis ojos, ya está decidido.

Y como lo de renunciar al papel no lo contemplo si quiera, he hecho un acuerdo conmigo misma.

Al Kindle irán:
- los libros gordos y pesados
- los libros cuya versión digital sea económicamente muy conveniente
- los libros en otros idiomas que difícilmente encuentro en papel
- los libros que me provoquen dudas del tipo "¿me gustará o será un tostón/chorrada/aburrimiento?"

La biblioteca de la casa romana, en cambio, seguirá engrosándose con:
- libros de Agatha Christie, pequeños, manejables y todos en el mismo formato
- libros de Banana Yoshimoto, por el mismo motivo
- libros cuyas ediciones en papel sean especialmente atractivas
- libros ligeros, manejables y con letra grande

He dicho. Y vosotros, contadme, ¿habéis sucumbido ya a la comodidad de la era digital o pertenecéis al grupo de los nostálgicos del papel?


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