12 nov 2013

kindle love

Una cosa que he vuelto a coger con ganas es mi afición lectora. Siempre he sido una lectora voraz, pero últimamente me iba a la cama con tantas cosas en la cabeza que me costaba horrores concentrarme para leer dos líneas. Y durante el resto del día, mismo problema y menos tiempo. Ahora parece que he encontrado un poco de paz o por lo menos de concentración y consigo volver a leer casi como antes. O quizás sea el otoño que es una estación que invita mucho al "libro-sofá-y-mantita" (y magdalena o trozo de bizcocho, pero esa ya es otra historia).

vía Pinterest

El caso es que en medio de estas reflexiones le he tomado prestado a mi señora madre el Kindle que le regalamos en su 60 cumpleaños, y haciendo buen uso de mi recién adquirido estatus de trabajadora, me he comprado un libro para probarlo. Del libro en cuestión ya os hablaré cuando le llegue el turno al cuarto trimestre de las 13 lecturas (y os hablaré bien, porque me ha encantado). Pero del Kindle no, de eso os hablo aquí y ahora.

Y es que, amigos míos, qué invento. Yo que soy de las que adoran los libros tal y como son, con sus portadas, sus hojitas, su olor, he caído rendida a la comodidad de llevarte un tocho de 600 páginas allá donde vayas sin sufrir lesiones cervicales de ningún tipo. Últimamente estaba renunciando más a menudo de lo que me gustaría a leer libros "de peso" precisamente por ese problema. ¿Leerme Guerra y Paz ahora? Me encantaría, por supuesto, pero es que pesa taaannto... ejem ejem. 
Otro punto a favor para el Kindle es el tamaño de la letra. Los años no pasan en balde y el tiempo delante del ordenador tampoco. Así que cada vez me cuesta más tener la vista fija en esas letras minúsculas que se gastan algunas ediciones. Con el aparatito en cuestión, mi vista está muuucho más relajada y no tengo que andar guiñando los ojos cuando vuelvo al mundo real.
¿Queréis que os enumere alguna más de sus virtudes? El poder disponer de una inmensa librería al alcance de un click que incluye todo tipo de géneros, autores y, ojito, idiomas. Además los e-books son más económicos que la versión en papel y se pueden encontrar muchos títulos gratuitos (sobre todo clásicos). Y el Kindle es un aparatito la mar de majo, que puedes usar mientras desayunas o vas de pie en el autobús ya que no tienes que sujetarlo con una mano mientras pasas la hoja con la otra.

En conclusión, yo ya me he autoconvencido de que necesito poner un Kindle en mi vida y devolverle el que tengo a su dueña. Así que mi próximo sueldo va a contribuir al bien de mis cervicales y de mis ojos, ya está decidido.

Y como lo de renunciar al papel no lo contemplo si quiera, he hecho un acuerdo conmigo misma.

Al Kindle irán:
- los libros gordos y pesados
- los libros cuya versión digital sea económicamente muy conveniente
- los libros en otros idiomas que difícilmente encuentro en papel
- los libros que me provoquen dudas del tipo "¿me gustará o será un tostón/chorrada/aburrimiento?"

La biblioteca de la casa romana, en cambio, seguirá engrosándose con:
- libros de Agatha Christie, pequeños, manejables y todos en el mismo formato
- libros de Banana Yoshimoto, por el mismo motivo
- libros cuyas ediciones en papel sean especialmente atractivas
- libros ligeros, manejables y con letra grande

He dicho. Y vosotros, contadme, ¿habéis sucumbido ya a la comodidad de la era digital o pertenecéis al grupo de los nostálgicos del papel?


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28 oct 2013

brown autumn monday

Entretiempo y camisas, la combinación perfecta. Y como yo ando últimamente obsesionada con las camisas (no sé si es que me estoy haciendo mayor...), este conjunto me parece perfecto para un día como hoy.
Que tengáis un buen lunes :-)

vía Pinterest



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24 oct 2013

magdalenas de limón y ricotta

¿Conocéis foodgawker? Es una especie de pinterest de la comida, donde sólo salen fotos de cosas deliciosas e invitantes. Abrir la página y empezar a segregar jugos gástricos es todo lo mismo. Bueno pues yo, amén de mandar las fotos de lo que se cocina en la casa romana y se muestra en este santo blog (y conseguir que me publiquen alguna), a veces me dejo llevar por la lujuria gastronómica navegando entre deliciosas delicias que generalmente vienen de allende los mares. Y de vez en cuando incluso llevo a la práctica alguna.
Es el caso de estos muffins o magdalenas de limón y ricotta. ¿Podía yo ignorarlas siendo super fan de las magdalenas y viviendo en el país de la ricotta? Pues no, obviously. Así que ahí os los dejo, para que segreguéis jugos gástricos vosotros también, que yo creo que las fotos han salido bastante apañás.

muffins de limón y ricotta

muffins de limón y ricotta

Ingredientes (para 12 muffins):
250 g de harina 00
160 g de azúcar
2 cucharaditas de levadura en polvo
¼ cucharadita de sal
175 g de ricotta
½ taza de agua
¼ taza de aceite de girasol
ralladura de 1 limón
zumo de 1 limón
1 huevo grande
azúcar moreno para espolvorear

En un recipiente amplio tamizamos la harina y la levadura. Incorporamos el azúcar y la sal y mezclamos bien.
En otro recipiente mezclamos la ricotta, el agua, el aceite, la ralladura y el zumo de limón y el huevo.
Vertemos la mezcla líquida sobre la mezcla de harina y batimos con unas varillas justo hasta obtener un compuesto homogéneo.
Distribuimos la masa en los moldes. Espolvoreamos abundantemente por encima con el azúcar moreno. Metemos en el horno precalentado a 170º durante 20 minutos o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio. Dejamos enfriar.

Notas:
- si no tenéis ricotta a mano, creo que el requesón puede ser un válido sustituto
- estas magdalenas no aguantan muy bien el paso de los días, lo mejor es comerlas cuanto antes


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